domingo, 24 de mayo de 2015

AMÉRICA LATINA, ¿UN ALFIL SIN ALBEDRÍO?

Los capítulos  publicados en este blog fueron suspendidos temporalmente —por asuntos relacionados con los derechos de autor— para no interferir con la publicación del libro íntegro en otras plataformas.

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domingo, 26 de abril de 2015

Discurso de Juan Goytisolo Ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014. 23 de abril 2015




A la llana y sin rodeos

En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.

A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, “ser  noticia”, como  dicen  obscenamente los  parásitos de  la  literatura- sin  parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.

“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración. 

Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacional- católico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!

Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.

En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?

Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos, y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”: ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.

Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel  Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es  empresa  de  los  caballeros  andantes,  decía  don  Quijote,  “deshacer  tuertos  y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.

El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor  no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor  no nos resignamos a la injusticia.

sábado, 21 de febrero de 2015

Nuevos retos para la universidad


Darío Valencia Restrepo

La universidad de nuestro tiempo enfrenta diferentes desafíos pero a la vez estos constituyen oportunidades que la institución puede aprovechar si define su misión y abandona prácticas que han perdido vigencia. 

La irrupción del mundo digital

La educación abierta avanza a pasos gigantescos en buena parte del mundo. El Instituto Tecnológico de Massachusetts la inició cuando en 2000 decidió empezar el proyecto de llevar a internet su material educativo. Y lo hace en forma gratuita. Una estadística reciente anunciaba que unos 2.200 cursos se encontraban ya en la red. En 2013, ese proyecto recibió más de 27 millones de visitas.

Sólo en el largo plazo se podrán conocer los reales efectos de la educación abierta sobre la universidad tradicional, pero es un hecho  que la institución ya experimenta las primeras consecuencias. 

Como se sabe que entre nosotros la clase magistral sigue predominando, conviene señalar que ella es un recurso excepcional; por ejemplo, para la exposición de un gran profesor ante un grupo numeroso, seguida luego del trabajo de asistentes o monitores con grupos mucho más pequeños.

Un método recomendable es el aprendizaje colectivo en pequeños grupos guiados por el profesor. Además, como la capacidad de aprender tendría que ser uno de los resultados principales del proceso educativo, es imprescindible crear una cultura del aprendizaje. La era digital ha permitido que internet facilite la creación de comunidades y redes sociales de todo tipo. Y ya se experimenta con las comunidades para el aprendizaje colectivo.

La tecnología actual permite al profesor señalar a los estudiantes con anticipación a la respectiva clase la información básica que podrán encontrar, además de la proporcionada por libros, en sitios de internet generales o establecidos por el propio profesor con sus presentaciones, documentos, notas de clases y ejercicios. La clase se convierte entonces en un escenario para que el profesor discurra sobre aspectos centrales y difíciles, efectúe las grandes síntesis del temario, responda inquietudes, calibre el progreso del grupo y facilite la discusión y los aportes de los estudiantes. 

La globalización de la universidad

Se viene acentuando el carácter internacional de la universidad contemporánea, pues así se desprende de tendencias como las siguientes: más de tres millones de estudiantes están registrados en universidades fuera de su país de origen, un aumento del 57% sólo en la pasada década; datos recientes estiman en más de 160 las subsedes abiertas en diversas partes del mundo, sobre todo por grandes universidades; y crece la educación gratis por internet, como ya se vio.

Ha aparecido lo que podría llamarse el capitalismo académico, en el cual el mercado define la relación entre educación y empleo. Ya la educación no se trata como un bien social colectivo sino como un bien individual para el éxito económico personal y como una mercancía del mercado de la educación global. En ese nuevo capitalismo todo gira alrededor del lucro que proporcionan las inversiones en capital humano. Se vislumbra ya la aparición de la universidad global con sentido corporativo.

Un nuevo campus universitario

El campus universitario no puede seguir siendo el mismo. Hay que abandonar la clase magistral como recurso casi exclusivo y sustituirlo por un aprendizaje más activo. Lo presencial tiene que complementarse con el trabajo del estudiante por fuera de la clase o el laboratorio, en particular con la ayuda de internet. 

Lo presencial sigue siendo vital para la relación interpersonal cara a cara, la apropiación del conocimiento tácito, los encuentros en bibliotecas, cafeterías o corredores, el disfrute de actividades culturales, exposiciones, conciertos, cine, conferencias... 

Pero internet y los multimedios en el computador constituyen una oportunidad para descargar al profesor de una tarea rutinaria, de modo que el docente pueda dedicar más tiempo a los pequeños grupos de estudiantes, al trato interpersonal, a la crítica y a la síntesis.  

La eliminación o disminución de humanidades, artes y ciencias sociales

Existe una tendencia internacional, incluso en nuestro país, a debilitar o suprimir la formación en artes, humanidades y ciencias sociales en el ámbito universitario, en razón de que ella no se considera rentable en una academia que cada vez se orienta más por las señales del mercado, la competitividad en un mundo globalizado y la preparación para los negocios. 

Con propiedad señala Martha C. Nussbaum, en su libro “Sin fines de lucro – Por qué la democracia necesita de las humanidades”, que las materias de ciencia y tecnología se deben impartir con la mayor calidad, pero no debe olvidarse que con la formación en artes y humanidades se pueden adquirir las capacidades de desarrollar un pensamiento crítico, de trascender las lealtades nacionales y afrontar los problemas internacionales como “ciudadanos del mundo” y de imaginar con compasión las dificultades del prójimo. 

Hoy más que nunca es indispensable el estudio riguroso de la historia para entender el presente, así como el aporte de filósofos que no escriban sólo para sus colegas sino también para los seres comunes y corrientes que intentan dar sentido a sus vidas y que buscan respuestas ante las incertidumbres y desastres del mundo actual.

Es fácil vislumbrar la importancia de un semestre de filosofía dedicado a la discusión con los estudiantes por parte de un profesor que adopte el método socrático para estimular la argumentación. Son muchos los temas vitales de nuestro tiempo que podrían ser planteados como preguntas. Y sería también una oportunidad para discutir el comportamiento ciudadano a la luz de la ética, el Derecho y la cultura.

Recomendable es un curso de historia para dar contexto a las preguntas y a las respuestas; conocer elementos de la trayectoria del propio país, de la región y del mundo; tratar de entender y comparar críticamente culturas diferentes a la propia; y asimilar las múltiples lecciones que encierra el relato y apreciación de acontecimientos del pasado.

Nuevos énfasis de la investigación y la docencia

La investigación debe ser el centro de la actividad académica, pero no a costa de la docencia y la extensión sino para enriquecerlas. No son aceptables los profesores que sólo investigan y se niegan a dar clase o a dirigir trabajos de grado o tesis. Los mejores profesores deberían contribuir a formar los estudiantes que llegan del bachillerato con una gran desorientación, en especial para ayudarles a definir su verdadera vocación.

La extensión ha sido tradicionalmente la cenicienta cuando se habla de las tres funciones clásicas de la universidad; sin embargo, ha cobrado sustancial importancia en los últimos años como mediadora de la relación con la sociedad.

Pero se trata de una comunicación de doble vía pues la universidad aprende en su contacto con el exterior al familiarizarse con los problemas de la sociedad a la cual se debe. Y ese conocimiento será importante para informar la docencia, la investigación y los estudios.

Conclusiones

En primer lugar, es fundamental definir la idea de universidad en los tiempos que corren, caracterizados por la globalización y la irrupción de tecnologías de información y comunicación. Esa idea tiene que señalar los cambios indispensables para sustentar ante la sociedad la vigencia y legitimidad de la institución.

La universidad tiene que seguir siendo sede del pensamiento crítico, tanto frente a fenómenos nacionales o locales como frente a lo que ocurre en su interior, pero no debe limitarse a la crítica sino a la vez hacer aportes y apoyar iniciativas del Gobierno o de la sociedad que considere de interés;  propiciar la discusión permanente entre ideas o concepciones opuestas, siempre que se respeten unas reglas superiores a las partes; mantener permanente comunicación y ojalá interacción con grupos y centros de investigación del mundo, así como una apreciación de los fenómenos sociales de cada tiempo; y conservar su tradición escrita, depurada por el tiempo, pero a la vez emprender o proponer con su fuerza de la razón las acciones transformadoras que se consideren apropiadas. 

Tarea central de la universidad contemporánea es propiciar el acercamiento y la interacción entre científicos y técnicos con humanistas y artistas. Una posibilidad es fomentar en concreto el trabajo interdisciplinario mediante la reunión de estudiantes de diferentes profesiones o disciplinas para que analicen un problema o conciban y diseñen un proyecto.

Sigue siendo un reto el centrar la universidad en la actividad investigativa, pero con el fin claro de enriquecer la docencia y la extensión. Y que no es aceptable la existencia de profesores que sólo investigan o que sólo dan clases. Se requiere que los mejores profesores orienten a los nuevos estudiantes. Y el desiderátum es que todo profesor, en la medida de lo posible, participe en el desarrollo de las tres funciones clásicas de la universidad.

Es imperativa la necesidad de investigar sobre los métodos docentes, en particular averiguar el real efecto de la universidad global y de los aprendizajes con la ayuda de internet.

Cuestión central de la educación debería ser una formación para la democracia y el ejercicio de una ciudadanía independiente, responsable e informada, consciente de los procesos sociales y partícipe en el debate político. 

No parece necesario insistir más en la importancia de las humanidades, las ciencias sociales y las artes en la vida académica y extraacadémica. Sólo agregar que debe concederse gran valor al estudio de la economía y de la economía política, y que la formación artística estimula atributos básicos de utilidad para la vida social y en particular también para las diferentes profesiones. El estudio y práctica de actividades como música, danza, cine y teatro facilita el trabajo en equipo, la  comunicación con otros y las habilidades creativas y de innovación, todo ello transferible y aplicable a otros campos. A su vez, los talleres de artes visuales permiten entender realidades y relaciones no expresables cuantitativamente o en palabras. Y es necesario reconocer que el arte cumple también una función de conocimiento y de crítica.

El anterior texto resume una extensa conferencia (http://tinyurl.com/retosuniversidad), que plantea cómo debe enfocarse la academia en el mundo contemporáneo. Publicado originalmente en el diario El Mundo de Medellín el 21 de febrero de 2015.
Darío Valencia Restrepo es ingeniero civil de la Facultad de Minas y se desempeña como consultor independiente. Posee títulos de posgrado en matemática de la Universidad Nacional de Colombia y en recursos de agua del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fue rector de la Universidad de Antioquia, gerente general de las Empresas Públicas de Medellín y rector de la Universidad Nacional de Colombia.

jueves, 5 de febrero de 2015

Reza Aslan

En esta entrevista el profesor Reza Aslan da una lección contra el prejuicio y la visión estereotipada del otro. En particular, nos enseña a formarnos una opinión crítica del Islam, pero no basada en el prejuicio.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Adán Cortés Salas, defensor en Estocolmo de los 43 asesinados





Elena Poniatowska



Ojalá y todos tuviéramos las agallas del joven Adán Cortés Salas, quien gritó: Malala habla por México, habla por México con su bandera manchada de rojo frente a la adolescente paquistaní que lo miró con simpatía. 






Nada más solemne ni más intimidante que la entrega de los premios Nobel, el miércoles 10 de diciembre, en la alcaldía de Oslo; nada más imponente que el recinto que presiden los reyes Harald V y Sonia; nada más estricto que el protocolo de seguridad del reinado de Noruega y, a pesar de todo, un estudiante mexicano se la jugó: irrumpió con una bandera de México ensangrentada y la alzó frente a los ojos del mundo entero atento a la ceremonia.

Después de que Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi recibieran el Nobel de la Paz, Adán Cortés Salas salió corriendo de entre los asistentes que aplaudían a los galardonados, un rayo tricolor pasó frente a las cámaras, la bandera mexicana con una mancha roja se levantó frente a una Malala sonriente y le pidió: Please, Malala, Mexico, please, un segundo antes de que un guardia lo sacara a empellones.

Adán Cortés Salas, de 21 años estudia Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Según su hermano gemelo, Austin, Adán, hoy bajo custodia de las autoridades de Noruega, llegó gracias a la invitación de un amigo que conoció en la UNAM. Adán decidió darse de baja académica temporal para poder hacer el viaje, con escala en Costa Rica, y formar parte de la Acción Global por Ayotzinapa.

La noticia de la espléndida protesta del joven mexicano voló por el mundo, las redes sociales aplaudieron y vitorearon la acción de Adán, que con su valentía y su arrojo logra que la masacre de 43 muchachos normalistas no quede en el olvido.

Abrazo con el corazón a este joven que no pertenece a ningún partido político ni a ninguna organización partidista y se la juega para exigir justicia y pedir que nos digan qué pasó con los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Hasta la fecha, sólo uno de ellos, Alexander Mora Venancio, ha sido localizado gracias a unas muestras forenses.


Ojalá y todos tuviéramos las agallas del joven Adán Cortés Salas, quien gritó: Malala habla por México, habla por México con su bandera manchada de rojo frente a la adolescente paquistaní que lo miró con simpatía. Hoy, detenido en Noruega, es un ejemplo y un orgullo para México, un orgullo para todos nosotros, ojalá y así lo consideren no sólo los reyes sino todo los sabios que han recibido el Nobel.
Publicado originalmente en La Jornada 11 de diciembre 2014

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